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miércoles, 27 de mayo de 2015

ANTES QUE DIOS FUERA DIOS...



Corre la leyenda de que allá por el siglo X hubo una disputa entre dos familias. Los Quirós y los Velasco discutían acerca de cuál de sus linajes era más antiguo. Ante el panorama que empezaba a derivar en violencia, el Obispo de Salamanca, que estaba presenciando la escena, dijo una sentencia que ha pasado a la historia: “Antes que Dios fuera Dios, y los peñascos peñascos, los Quirós son los Quirós, y los Velasco, Velasco”. Con eso se zanjó la cuestión. 

Mucho ha dado que hablar la frase, especialmente por la primera parte, ya que parecía inapropiado que todo un obispo hiciera alusión a un tiempo anterior a que Dios fuera Dios… ¿Estamos ante una irreverencia o ante una blasfemia?

Quizá para entender lo que el obispo quería decir hay que ir un poco más allá. Concretamente a la segunda parte de la frase, a la que hace alusión a los propios apellidos. Tengamos en cuenta que si bien en aquélla época aún no existía la Universidad de Salamanca (creada en 1218), cuna y referencia de las universidades europeas, sí existían desde 1130 una serie de Escuelas Catedralicias que albergaban más saber y más documentos de los que podemos imaginar, ya que muchos se han perdido desde entonces.


QUIRÓS

Quirós es un apellido que se dice tiene su origen en Galicia. Quiroga (que en el fondo es el mismo que el anterior) lo tiene en Asturias. Ambos se centran en la cornisa cantábrica, en pueblos eminentemente marineros y curiosamente muy cerca del fin del Camino de Santiago.

Podemos enmarañarnos en genealogías, procedencias e historia, pero entre ellas está la hipotética procedencia de dichos apellidos de la palabra “Quirón”, el centauro que fue tutor de héroes como Asclepio y Herakles (Esculapio y Hércules).

No es descabellada la idea de asociar los centauros a la antigua raza de los Kynetes,  Kyretes o Curetes (de la que también hay quien hace derivar la palabra jinete), que era un pueblo que algunos hacen proceder de Creta. Para ellos, el dios asociado posteriormente por los griegos a Zeus era llamado Kuros (¿alguien ve la asociación con el nombre del Centauro y el apellido?).

Según el historiador griego Estrabón, los Kynetes habitaban la mítica Tartessos (no en vano Jerez era Keret) y fueron unos de los responsables de la lucha de los dioses y los titanes. Éstos últimos, asociados históricamente con los gigantes, engloban pueblos contra los que luchó entre otros el héroe protogriego Herakles.


HERAKLES

Más conocido por Hércules que es su nombre romanizado, según autores como Louis Charpentier se trataba de un cuerpo de guerreros pregriegos que comenzaron a formar los principios de la cultura helena. Entre sus trabajos, como el robo de las manzanas del Jardín de las Herpérides o de la lucha contra el gigante Anteo, el autor ve precisamente la descripción de la lucha entre los titanes o gigantes (que él hace derivar de pueblos descendientes de la mítica Atlántida) y los nuevos pobladores, los dioses u olímpicos.

Igualmente, y dejando de lado la posible existencia de la Atlántida, sí parece coherente que las aventuras de Herakles describan el paso de la cultura nómada a la sedentaria al comenzar a controlar el cultivo (las mentadas manzanas de las Hespérides) y la ganadería (el robo de los bueyes de Gerión, otro gigante).

Los estudiosos no logran ponerse de acuerdo en cuanto a las fechas en las que pudo suceder ésto, pero se habla de aproximadamente 8000 años antes de Cristo.

De esa manera, y si bien tradicionalmente los centauros eran malhumorados, Herakles se encontró con Quirón, que era amable y aceptó la tutela de los héroes pregriegos. Hay quien ve en ello una clara alusión a que pueblos anteriores, en decadencia pero aún resistiendo, luchaban contra los nuevos pobladores, comienzo de una nueva civilización, pero también existió la comprensión de algunos de los sabios antiguos que lejos de resistir el curso de los acontecimientos, preferían transmitir su sabiduría y conocimientos a los que iban a “hacerse cargo” de esa nueva civilización.

Fueron estos representantes de la antigua civilización quienes también transmitirían los conocimientos necesarios para llevar a cabo la construcción de dólmenes y menhires (los últimos tienen actualmente una datación del 2500 a. C. aproximadamente).

Dichas construcciones, que unos califican como funerarias, otros como religiosas y otros incluso como intentos de variar ciertas corrientes energéticas de la tierra, fueron especialmente importantes en toda la cornisa atlántica (Península Ibérica, Francia, Gran Bretaña, Dinamarca y Suecia).


VELASCO

Parece que casi todos los estudiosos están de acuerdo con que los Pelasgos eran una serie de pueblos que habitaban en la zona de Grecia antes de que los primeros griegos hicieran su aparición. Lo que no tienen tan claro es su procedencia, si bien admiten que al tratarse de varios pueblos con la misma denominación por parte de los griegos, posiblemente cada uno pudiera ser distinto de los otros.

En algunos casos se los hace derivar de la palabra pelargo o cigüeña debido a sus costumbres migratorias. En otros casos se los hace derivar directamente de pueblos que provenían del mar, sin especificar de qué mar se trataba. Quizá lo más curioso es que según Herodoto, fueron estos pelasgos de quienes recibieron los griegos los dioses olímpicos.

Volviendo a la proposición de Charpentier, podríamos pensar que se trataba de pueblos descendientes de la Atlántida, asociados con los gigantes y los “dioses venidos del mar” de los que proceden los vascos. 

Indudablemente lo que podemos asegurar es que estamos de nuevo ante la presencia de unos pueblos que eran anteriores a los primeros griegos y que tuvieron una enorme importancia en el cambio de cultura que dio paso a una nueva civilización.


DAMAS

No puedo finalizar este pequeño atisbo sin hablar de algo que resulta enormemente importante para el tema que nos atañe. Me refiero a la cultura matriarcal. 

Ni siquiera los expertos se ponen del todo de acuerdo en los tiempos. Algunos ya hablan de que estatuillas como la Venus de Willendorf estaban representando los comienzos de la cultura matriarcal (la estatuilla está datada entre el 22000 y el 40000 a. C.). Igualmente, otras imágenes bastante más elaboradas como la Dama de Baza, la Dama de Elche o la Dama Oferente, serían las últimas referencias a ese sistema encabezado por la mujer. Estas últimas están datadas aproximadamente en el siglo IV a. C. 

De lo que queda poca duda es de que se unen unos pocos datos, pero de capital importancia para sacar ciertas conclusiones:

-         Todos estos sucesos estaban comprendidos en la época matriarcal, antes de la llegada del patriarcado.
-         Hubo varios pueblos, que la cultura popular ha derivado en apellidos, que estuvieron directamente implicados en los comienzos de la civilización tal y como la conocemos.
-         En esas épocas se hicieron los grandes megalitos que son representantes tanto del comienzo de una nueva cultura como del final de la anterior.
-         El obispo de Salamanca quizá sabía algo de esto, porque…

… antes que Dios fuera Dios (porque era diosa) y los peñascos, peñascos (porque aún no se habían construido los dólmenes y menhires), los Quirós ya eran Quirós, y los Velasco, Velasco (ya existían los dos pueblos de los que provenían las familias en discordia).

Claro, también pudo ser una falta de respeto a la divinidad por parte del santo varón, pero me cuadra menos.

domingo, 26 de abril de 2015

LA ERA DE ACUARIO



No, no quiero ser astrólogo ni lo soy, pero sin intención de encomendarme a Rappel ni de aparecer en las páginas de astrología de cualquier diario, no puedo evitar que me venga a la cabeza que estamos en la Era de Acuario (mira, un pareado).

Para quien no lo sepa, parte de los antiguos astrónomos (nada que ver con muchos de los actuales) sabían muy bien lo que hacían. Para empezar fueron capaces de dividir en eras astrológicas perfectamente medibles el tiempo y el comportamiento social –si bien la sociedad no necesariamente sabía de astrología– que aún se pueden comprobar. Sin ir más los, los astrólogos egipcios midieron la precesión de los equinocios, labor que precisa de una observación meticulosa y unos buenos cálculos.

Y la Era de Acuario está caracterizada por muchas acciones, pasadas y presentes que verán la luz. Miremos alrededor. Será casualidad.

Pero históricamente, hasta hace muy pocos años se habín aceptado con los ojos cerrados todo tipo de versiones oficiales tanto de la historia como de la religión o de la política. Ahora se revisan todas ellas y surgen, más que nunca, voces discordantes con datos que tiran por tierra muchas de las bases de todas.

Alguien puede decir que se debe a las nuevas tecnologías, pero una cosa son las tecnologías a las que una sociedad llegue y otra su aceptación y su orientación. Y lo cierto es que la tecnología, que permite un descubrimiento se haga público con tremenda rapidez y que exista un mayor acceso a conocimientos tanto oficiales como extraoficiales, está a la orden del día para revisar, criticar y trastocar las versiones oficiales de casi todo, dejando curiosamente al descubierto cosas que, durante incluso cientos de años, habían sido ocultas y secretas. Será casualidad.

Aún así, continúan los intentos por tumbarse en el antiguo jergón de ocultar lo que interesa a quien domina y no gustaría nada a quien sufre por ello, una mayoría que ahora es capaz de saber lo que nunca ha sabido hasta ahora.

Y además de tener acceso a saberlo, se une la circunstancia de que en muchas ocasiones, a pesar de lo que puede parecer, el nivel de inteligencia y raciocinio de la población en general es más alto que en años y en siglos anteriores.

Para quien no opine lo mismo le recomiendo que eche un vistazo histórico al comportamiento sumiso del pueblo en una época tan recientemente histórica como la feudal y lo compare con las protestas a nivel global que nos encontramos en la actualidad. Y en la Era de Acuario. Será casualidad.

Eso no evita el proceso, no evita los sufrimientos, las equivocaciones, ni los intentos de los estamentos de poder por mantener el estado actual de las cosas.

Y esos mismos estamentos de poder son los que utilizan todo su esfuerzo en negar que las fuerzas gravitatorias y electromagnéticas de los cuerpos celestes influyen en el comprtamiento de otros cuerpos celestes (y la Tierra es uno y nosotros también) y en negar una serie de sucesos marcando un camino que, en el fondo, no va por donde ellos querían.

Pero por mucho que lo intenten, las energías de los cuerpos celestes (perdón por esta frase de diario en sección de astrología) siguen influyendo en los cuerpos que están rodeados por ellas. Y nosotros estamos en ese punto.

En fin, que por mucho que se niegue, formamos parte de un ritmo que no marcan los llamados poderosos, que no se puede negar la evidencia aunque se pueda distorsionar y usar para escribir en un periódico, que los antiguos sabían más de lo que parece, y que todo ello se está viendo en la Era de Acuario… será casualidad.

domingo, 8 de febrero de 2015

SABIDURÍA POPULAR Y MANZANAS MORDIDAS



En estos días hemos escuchado a una ingente cantidad de políticos hacer la pelota a millones de potenciales votantes repitiendo la frase de que el pueblo es sabio y el pueblo es soberano (no sé, igual tiene que ver con que estamos en época de elecciones). El caso es que abogan una y otra vez por la sabiduría popular en el momento de introducir la papeleta en las urnas si bien se les cruza un poco esa idea cuando hablan de cierto partido. En caso de votar a esos interfectos la sabiduría pasaría a ser todo lo contrario, ya que si les votamos podemos atraer la ira de dioses olvidados (uy, perdón, he dicho “podemos”).

Bueno, apartando un poco el tema de la política (lo cual es complicado, ya que mi calle estaba llena de agujeros y ahora la están asfaltando), ha habido un par de situaciones que me han hecho replantearme por enésima vez ese concepto de “sabiduría popular”. Y digo apartando el tema de la política porque si me centro en ella desaparece por completo la posibilidad de planteamiento.

El caso es que en los próximos días se estrena en los cines españoles la película “Cincuenta Sombras de Grey” y miles de personas están deseando que se proyecte para ir a verla. Quien no haya leído el libro está poco menos que condenado al ostracismo social. En el metro madrileño (cuna de cultura lectora según algunos porque siempre hay mucha gente leyendo) ha sido complicado no toparse un  mismo día con varias personas devorando el susodicho libro con inusitada avidez.

Por otro lado, y volviendo al cine, hace unos pocos días también se estrenaba otra película. Ésta tiene por título “Descifrando el Enigma” (The Imitaron Game en el original). Sería inútil decir que la primera tiene mucha más publicidad que ésta última. De hecho, cuando a alguien se le pregunta de qué va una y de qué va la otra, lo habitual en este sabio pueblo que nos rodea es que te pregunten de qué va la del enigma ese.

Claro, uno se queda cavilando cómo enfrentar esa situación y piensa “pues simplemente de la vida de un señor que entre otras cosas ha logrado que tú no estés hablando alemán bajo una bandera con la cruz gamada y de que estés leyendo esto en un ordenador y no en la columna de artículos de difícil clasificación en la sección correspondiente de tu biblioteca de barrio (también bajo una cruz gamada, dicho sea de paso).

Y claro, el planteamiento es inmediato ¿el pueblo de verdad es sabio?

Muchos, llegado este punto, alzarán la voz exclamando que la manipulación mediática y política es tan grande que se nos meten por los ojos ciertas películas, libros o noticias. Cierto es, pero ¿es que acaso no tenemos capacidad de investigación o un mínimo atisbo de afán de aventurarnos a buscar otra cosa? A veces, la verdad es que me parece que hay personas que mastican porque no encuentran a nadie que lo pueda hacer por ellos.

Pues lo siento, pero no puedo considerar sabio a un pueblo que se deja manipular con tal facilidad que teniendo frente a él dos o más opciones, elige la más cómoda (además, desgraciadamente, la de la mayoría).

Y no sólo me refiero al ámbito político, me refiero al ámbito de la vida en general.

No podemos (uy, he vuelto a decir la palabra maldita) pretender que los poderes fácticos estimulen nuestra educación y cultura, pero quizá sí podemos (y dale) poner nuestro granito de arena… en alguna que otra rueda de algún que otro engranaje.

En fin, a pesar de las iras de algunos que al leer esto piensen que considero que el pueblo es normalmente más tonto de lo que es capaz de aceptar (lo cual es verdad, lo pienso) y que voy a votar al partido ese cuyo nombre he querido olvidar (lo cual es mentira, no los voy a votar, pero me venía muy bien el ejemplo), seguiré pensando que somos y seremos tontos en la medida en que lo permitamos, que tenemos opciones de dejar de serlo pero nos puede nuestra comodidad, que no nos van a ayudar a dejar de serlo e incluso nos van a poner trabas si nos ponemos a ello… en fin… que tal vez deberíamos a empezar a vivir la vida como guionistas en vez de cómo lectores (¡qué bien hilado me ha quedado esto con el tema del artículo!).

Ah, y si alguien duda de lo dicho no tiene más que hacer una prueba. Se acerca a alguien en la calle o en el metro y le pregunta ¿cómo se llama el protagonista de “Cincuenta Sombras de Grey”? y ¿cómo se llama el de “Descifrando el Enigma”?

Y que saque sus propias conclusiones.

sábado, 1 de noviembre de 2014

LOS MALOS DURAN MUCHO



A veces, cuando nos da por echar un vistazo a la historia más o menos reciente, comprobamos no sin cierto desazón, que muchos de los grandes personajes que no han hecho sino fastidiar a todo y a todos los que les rodeaban, viven muchos años.

“Estos indeseables mira que duran años” suele ser una de las frases típicas que solemos exclamar. “En cambio la buena gente parece que se va antes” suele ser la que añadimos con cierta tristeza. Y la tristeza no es sólo porque de verdad pensemos eso, sino porque tenemos una curiosa tendencia a creernos todos buena gente y consecuentemente, tenemos miedo de durar poco.

Lo cierto es que muchos de los que dicen estas frases harían exactamente lo mismo que aquéllos a los que critican si tuvieran las oportunidades. A veces me  da la sensación de que hay incluso cierta dosis de admiración porque han hecho lo que les ha dado la gana y además han tenido mucho tiempo para ello.

En realidad, se me antoja que muchos querrían ser como ellos, pero su vergüenza no les permite admitirlo en público (otra cosa son sus tendencias habituales, muchas veces bastante significativas al respecto).

Cuando se entabla este tipo de conversación con alguien, surgen varias tendencias. Quizá la primera es la de sentimiento de injusticia. ¿Por qué los malos duran tantos años para que les de tiempo a fastidiar mucho y a los buenos no se “nos” suele dar tanto? ¡con todo lo que hay que equilibrar!

Otra, quizá más mística, nos podría conducir a que esos años son un tiempo que la Naturaleza (o Dios para el creyente o el destino para otros) le brinda a la persona para ver si consigue enderezar su camino en esta vida. A la vista está que normalmente no funciona muy bien si se trata de una táctica divina, pero bueno, siempre podemos añadir la creencia de que Sus razones tendrá y que Sus caminos son inescrutables con renglones torcidos o algo así.

Pero personalmente, la sensación que se me queda es la de esa envidia soterrada. Nos pasamos la vida con obligaciones sin poder hacer lo que nos da la gana y en cambio, los que hacen lo que quieren sin normas y sin ética, además duran mucho para poder disfrutarlo. Es decir, el que no es ladrón es porque no ha tenido la oportunidad.

Tampoco creo que sea así en todos los casos. Hay –afortunadamente–  muchas personas que no roban ni hacen la vida imposible al de al lado incluso teniendo posibilidades. Cierto, es toda una vida luchando contra una tentación social, pero por lo general se ahorran bastante en pastillas para dormir.

Y entonces ¿qué es lo que queda de todo esto?

Para empezar diría que tenemos un concepto bastante equivocado de lo que es la libertad, el libre albedrío ese, y de lo que llamamos “hacer lo que quiero”.

Nos creemos que las decisiones que tomamos en nuestra vida sin condicionamientos o presiones de manera directa por personas o circunstancias evidentes, las tomamos con absoluta libertad. Nos lo creemos, pero ¿es así?

Podemos  pensar que tenemos libertar en elegir a una persona con la que compartir la vida, en elegir un coche u otro, un libro u otro, ver un documental en la tele o leer una novela de Corín Tellado, pero –siento la desilusión–, creo que no es así.

Y creo que no es así porque esas elecciones aparentemente voluntarias y con un perfecto ejercicio teórico de libertad también están condicionadas. La persona con la que nos sentimos más unidos viene condicionada no sólo por nuestros gustos físicos, sino por cosas tan incontrolables como hormonas, experiencias sentimentales anteriores, educación, forma de interpretar sus movimientos…

Elegir un coche u otro, amén del dinero disponible, también tiene que ver con lo que nosotros entendamos por estética, si anteponemos eso a la practicidad, e incluso por el estrato social y eso llamado “publicidad subliminal”.

Y ver un documental de física cuántica o leer una novela romántica depende del momento intelectual o sentimental que estemos pasando, de nuestro nivel cultural, de la hora del día, de lo que nos haya pasado en la jornada…

En resumen, cosas que en principio parecen absolutamente voluntarias están condicionadas por muchos factores que no controlamos. Entonces ¿somos de verdad libres? ¿Acaso deberíamos redefinir el concepto de libertad?

Y lo que es más importante ¿qué narices tiene que ver esto de la libertad o los condicionamientos inconscientes con durar más o menos para poder hacer lo que queramos?

Pues eso, primero deberemos ser conscientes de qué es lo que queremos y de si lo que queremos en realidad lo queremos o se nos impone desde alguna sombra anidada en nosotros mismos.

Quizá la libertad consiste en conocer todos esos factores y saber si tenemos que enfrentarlos o fluir en su corriente. Quizá esa sea la única y verdadera manera de ser libres y, bueno, no hacer lo que queremos,  sino hacer lo que tenemos que hacer.

Entonces no nos importaría durar o no más o menos tiempo; nos importaría la intensidad de lo hecho. Podríamos llegar a la conclusión de que hay personas que tiran por la borda una oportunidad de vida de cien años y otras que aprovechan cada día. Y a lo mejor, incluso llegábamos a la conclusión de que quien se aprovecha constantemente de los demás en realidad está mucho más condicionado que libre, porque no puede sentirse satisfecho si no se deja caer en esos condicionamientos. Y la verdad es que eso no le debe dejar muy satisfecho.

En fin, que si el cambio no se produce desde dentro, desde entendernos un poco más, seguiremos pensando que los malos duran y nosotros no y que eso, además, es una injusticia (hacia nosotros, claro).

Y pasarse la vida pensando que somos buenos y tratados injustamente, es tirar por la borda el tiempo que se nos presta.

Allá cada cual.

miércoles, 1 de octubre de 2014

ÉBOLA Y EGOISMO



Estaba pensando en la tormenta mediática que hay actualmente con respecto a los casos de ébola que traspasan las fronteras de los países en los que habitualmente se producían.

No pretendo escribir un artículo sobre actualidad, mi intención es que esto se pueda leer dentro de unos años y continúe vigente, pero me ha servido para darme cuenta de un par de cosas.

El virus de ébola lleva cerca de cuarenta años (hasta donde se tiene constancia) afectando a la población de Sierra Leona, Liberia, Ghana y algún que otro país africano. De todos y por todos era sabido que se trataba de un microorganismo especialmente virulento y que además, dadas las condiciones de higiene y nutrición de esos países, se encontraba con un caldo de cultivo maravilloso para transmitirse con facilidad.

Todos los países que no pertenecen a África conocían la existencia del bichito (bueno, algunos no consideran “bichitos” a los virus porque no tienen capacidad reproductiva… como las mulas, pero eso es otro tema). El caso es que nadie escapaba a su conocimiento. La industria del cine nos expuso en varias películas una catastrófica posibilidad si el ébola traspasaba las fronteras. Afortunadamente, los heroicos miembros de la CDC (Centro de Control de Enfermedades), del Pentágono, los Marines y algún otro sabio, a pesar de la cabezonería de algún que otro alcalde, lograban detener el brote y evitar que la infección acabara con la humanidad antes que acabara la película.

Y nosotros veíamos la peli y luego nos quedábamos tranquilos, porque eso sólo les pasa a los pobres negritos. Sí, pobrecitos, ¡qué se le va a hacer! Si hubieran nacido en Nueva York o en Madrid no tendrían esas preocupaciones, pero se equivocaron al elegir tierra y color. Nosotros a lo nuestro.

Pero la Naturaleza, independientemente de que la creación y transmisión del bichito haya podido contar con cierta ayuda humana, nos está mostrando algo que seguimos sin querer ver.

Para explicarlo mejor, también me voy a remitir al momento actual de la sociedad, en este caso de la española (para que veamos que a veces la sociedad sirve para algo).

Todos los días vemos que hay personas a nuestro alrededor que son injustamente expulsados de sus casas, que los echan de su trabajo, que les bajan el sueldo… y ¿qué hacemos nosotros? Habitualmente no mucho. 

Seguimos con nuestra vida sin pensar mucho en ello. Mientras no nos toque a nosotros, no hay problema. Eso le ha pasado a otro y punto. No me afecta salvo que me pase a mí.

Y nos quedamos tan intranquilamente tranquilos, porque sabemos que en realidad las cosas no funcionan de esa manera. Como especie que se ha asentado en un mismo planeta y como sociedades con un funcionamiento cada vez más global, deberíamos ser conscientes de que lo que le pase al de al lado me afecta a mí. No puede estar mal la persona que tengo a dos metros sin que yo esté también mal y viceversa.

Si esos a los que llamamos “los demás” pierden su trabajo el dinero lo van a manejar de manera distinta (si es que les queda dinero que manejar, claro) y ello va a repercutir, como está sucediendo, en la economía de manera que también afecta a quien tiene trabajo. El consumo es distinto, se mueven diferentes productos y de diferentes calidades y los precios suben o bajan dependiendo de factores que antes no estaban activos.

Con el ébola ha pasado lo mismo. Cuando África era una fábrica de diamantes o de cualquier producto de la Naturaleza que los blancos necesitábamos para esta maravillosa sociedad que nos hemos montado, íbamos allí, explotábamos a los nativos, se les mantenía malnutridos para reducir gastos y si caían en batalla… mala suerte, un negrito menos.

Pero todo eso fue creando una bola de nieve (o de arena en este caso dada la localización) y se creó un terreno maravilloso para todo tipo de proliferaciones víricas y bacterianas. Mala alimentación, desnutrición, falta de tratamientos de salud, pruebas de medicamentos, falta de ayudas para la supervivencia más básica (recuerdo que había sitios en los que no tenían agua y que sin embargo decían que llegaba “la chispa de la vida”).

Y pensábamos lo mismo que pensamos ahora con el desahucio del vecino, que como a mí no me ha tocado, ni me afecta ni me entero.

Pues no. Pues claro que nos afecta. A la vista está. A nivel social, económico y de salud.

¿Alguien ha estado junto a una persona que se ríe y no ha sido contagiado por su risa? ¿alguien ha estado junto a una persona que llora y no ha tenido que sujetar sus propias lágrimas? ¿alguien ha estado al lado de una persona triste y no ha notado ese nudo en el corazón? ¿alguien piensa que estamos hechos de diferente materia, que funcionamos distinto o que no tenemos más conexiones que nuestra piel?

Desgraciadamente sí. Mucha gente piensa así. Mucha gente sigue pensando que su sombrero y sus zapatos son sus límites y que todo aquello que está más allá de su pellejo no tiene que ver con él. Mucha gente sigue creyendo que existe realmente el concepto de “otro”.

Y quizá ahora, cuando tenemos más cerca (me refiero en la pantalla de la televisión y en nuestro territorio nacional) los casos de enfermos que antes estaban poco menos que en otro planeta, podríamos replantearnos la lección que nos llevan dando esas personas que han nacido en esos países. En lugar de verlos con pena quizá deberíamos verlos con un respeto que nunca les hemos tenido, porque su vida y su muerte nos está avisando de que no estamos desconectados, de que lo que le pase al pobre negrito del África tropical me afecta a mí, te afecta a ti. 

Obviamente es necesario buscar algún tratamiento médico, pero deberíamos también llevar adelante un tratamiento de respeto. Porque nos están enseñando mucho más de lo que, visto lo visto, somos capaces de entender.


lunes, 14 de julio de 2014

La amistad





A veces me pongo a pensar. A pesar de ser considerado como el portador de una grave patología epidémica, me pasa de vez en cuando y no puedo evitarlo. Haré lo posible por entrar en razón y acudir al médico lo antes posible.

Y cuando me dan este tipo de brotes, los únicos que me entienden son los amigos. Esa especie que parece que está en vías de extinción acosada por el ataque de los que en realidad, lejos de ser amigos aunque considerados y adorados como tales, son cómplices son compartidores de vivencias que jamás te entienden y nunca te apoyarían, pero te cubren cuando haces cualquier tropelía. A veces creo que contra lo que habitualmente se cree, siguen existiendo ese tipo de especímenes que a pesar de conocerte te quieren y que te dan la mano sabiendo que les vas a coger el brazo.

Y como si fuera una figura redundante sobre sí misma, estaba pensando en la amistad.

Se dice que uno no busca al amigo, que simplemente lo encuentra o no lo encuentra. Y puede ser cierto, pero para ello creo que hace falta una disponibilidad, una actitud y una entrega. De lo contrario, aunque creamos que encontramos a un amigo, lo que realmente encontramos es un cómplice. Y tarde o temprano nos daremos cuenta de eso y tarde o temprano lo pagaremos.
Un amigo no te adora, un amigo te critica. Pero no te critica para así poder pasar por encima de ti, te critica para que seas capaz de dar ese paso que no estás dando. Un paso que posiblemente él tampoco haya sido capaz de dar, pero que sabe que si lo da uno, indefectiblemente lo da el otro. Pero es absolutamente necesario que no lo haga con la intención de dar él también el paso, porque si no, no es amigo.

Paralelamente, no es posible ser amigo de otros si no se cumple un requisito imprescindible. Quizá el requisito más complicado de todos: ser amigo de uno mismo. Y… ¿cómo se consigue eso? Buena pregunta… tengo tentaciones de no estropearlo con una mala respuesta, pero mi patología no me lo permite.

Puede ser que muchos piensen que no se aman realmente a sí mismos, o incluso que amarse a uno mismo es un síntoma de egoísmo soterrado. Pero observe el agudo lector que no estoy diciendo “quererse a sí mismo”, sino “amarse a sí mismo”. La palabra “querer” lleva implícitamente la idea de posesión, y poseerse a sí mismo es estúpido. Si hasta el cuerpo que tenemos es prestado…

Pero uno sí puede amar un camino, una búsqueda constante del bienestar personal. Una búsqueda que si se hace de la manera adecuada, lleva directamente a la imperiosa necesidad de compartirla. Uno no puede amar a nadie si no se ama a sí mismo. Pero no si ama sus costumbres incoherentes, sus manías, sus cerrazones, sus tonterías varias, sino si ama su intención de aventura, su impulso de unión con el entorno en el que se incluye al resto de la gente… 

Porque el amigo no es sólo el que te da la mano para sacarte del pozo, es el que te impulsa para que luego llegues a volar, sabiendo que tú vas a hacer lo mismo con él, pero no teniéndolo en consideración, porque haría lo mismo si tú no le impulsaras. Porque ni que él sea tu amigo significa que tú seas el suyo ni viceversa. Pero la amistad de verdad tiene también esa particularidad: si es verdadera no pide recompensa. Es una amistad, no un favor que hay que devolver.
Claro, que volvemos a lo de antes, difícilmente alguien te puede impulsar a volar si él, aunque no sepa aún volar, no ha visto que tienes alas. Y para que vea que tienes alas primero tiene que ver las suyas.

Y bueno, si surge de verdad la amistad, los dos empezarán a andar un camino… y lo acabarán volando.