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jueves, 2 de octubre de 2014

Carta desde el futuro




Año 3043. La vida en el planeta Tierra ha cambiado radicalmente. La ciencia, la tecnología, la economía, todo ha evolucionado (o involucionado) de una manera tal, que ahora sería imposible que un humano que habitó el planeta allá por el 2014, por poner una fecha al azar, pudiera entender cómo se maneja el ser humano en sociedad.

Claro que, pensándolo bien, esto ya ocurría en 2014. Y en 2013, 2012, 2011… etc.

Sin embargo, hay una cosa que ha logrado mantenerse con el paso de los años. Bueno, en realidad son dos. Cosas que, cual cucarachas tras una catástrofe nuclear, han logrado sobrevivir por encima de todas las leyes evolutivas, desafiando a la ciencia y a la propia madre naturaleza. Esta son: “Gran Hermano” y Mercedes Milá.

Así comienza precisamente nuestra historia, cuando Mercedes, tras sacarse una de sus tetas de viscoelástica, partiéndose el ojete por tan ingenioso proceder,  se dirige a cámara para presentar la gran final de la edición MMMXLIII (es que en el 3043 los números romanos se han puesto otra vez de moda, ¡son lo más!)

M.M   - Buenas noches mis queridísimos espectadores. Para que puedan centrarse en lo que tengo que contarles, permítanme primero devolver a su lugar esta obra maestra de la ingeniería (es decir, se guarda la teta)
Son muchas ya las ediciones que he tenido el gusto de presentar de este maravilloso experimento social  llamado Gran Hermano. Cada año ha sido más interesante. Desde mis últimas dos criogenizaciones he podido asistir a galas repletas de morbo, de traiciones, de bajezas morales de todo tipo, de concursantes al borde de la parálisis cerebral de los que nos hemos podido mofar sin pudor alguno… en fin, qué les voy a contar, televisión con mayúsculas.
Sin embargo, he de confesarles que nunca, jamás, en la extensísima historia de Gran Hermano, he tenido el placer de conocer a dos concursantes tan fantásticos como los que hoy llegan a la final del concurso.
Vamos a saludar ya a nuestros finalistas: ¡Mariano y Pedro!

El programa conecta entonces con la casa, situada en la Carrera de San Jerónimo. En el plano vemos a dos jovencitos que son sorprendidos por el directo sacándose mocos el uno al otro.


M.M –¡ Hoooola Queridos!
M – Holaaaa Mercedesssssssss, perdona que nos pilles así, es que no lo esperábamos.
P- Yo tampoco
M.M - No importa chicos, así el público puede conoceros un poco mejor. Dime Mariano, ¿Estás nervioso ante la posibilidad de ganar?
M – Puesss mire usted,  la verdad es que no. En mi familia tenemos una extraña tradición que hace que ganemos cosas casi sin enterarnos. Así que…. eeeeehhh…. como usted comprenderá…. Eeeehhhh…
M.M - ¡Qué labia tiene el jodio! Es que parece hasta normal. Bueno, ¿y tú Pedro? Te hemos visto muy activo estos últimos días, dándolo todo por ganar, y eso que tuviste tus más y tus menos con Mariano por tu supuesta relación con Pablo, el concursante que salió la semana pasada.
P - Cierto Mercedes, ha sido muy duro. Es verdad que hubo un tiempo en el que me sentí muy atraído por Pablo, pero, como le dije a Mariano, eso ya acabó. Pablo no aceptó mi propuesta para hacer edredoning,  y eso para mí es una ofensa imperdonable… por eso decidí ir a buscar la cama de Mariano, y tengo que confesarte que hemos encajado muy bien, literalmente.
M.M – Ya, ya, ya… todo eso está muy bien, el buen rollito, el happy happy… pero esto es un concurso y solo puede ganar uno, ¿lo sabéis, no?
 M – Sí Mercedes, pero como dice mi querido Pedro, gane quien gane…. de una forma u otra…. estooooo…. hará ganar también al otro.
P - ¡Qué bonito lo que has dicho, amor! (dice Pedro mientras repasa con su lengua la comisura de los labios de Mariano)
M.M – Uy, uy, uy… mucho amor veo yo aquí. ¿Me equivocó o esto puede acabar en boda?
P – No sé, no sé… no anticipemos acontecimientos. Vamos a ver qué tal se nos da la convivencia y luego ya veremos…
M.M – Entonces, y te pregunto a ti Mariano, ¿lo de Pablo ya está superado?, porque se te veía un poco celoso ante esa posibilidad de relación…
M – Si te digo la verdad Mercedes, yo nunca vi que Pedro pudiera llegar a nada con Pablo. No son compatibles. Pedro, aunque vaya de modernillo y de guaperas, es en el fondo un tradicional como yo. No es de los que le gusta salir a la calle a molestar y a dar berridos como a algunos jovenzuelos… él es más de sofá y mantita, como yo.
P  - …Y de almohadita, je, je
J.J - ¿mordida?
M.M – ¡¡Jorge Javier!! ¡¡ no me seas cabrón y no quieras colarte también en mi programa… que ya tienes media parrilla para ti, coño!!
J.J – Vaaaaleeee, Mercedes no te pongas así, que yo solo quería aprovechar para saludar a Pedro, que es amigo mío. ¡Oye guapo, llámame!!
M.M – Que sí, que sí… venga, lárgate de mi plató que tengo que anunciar el ganador. … Mariano, Pedro, ¿Estáis preparados?

Mariano y Pedro se cogen de la mano para escuchar el veredicto.

M.M – Señores, Señoras, seres Biónicos variados…. Llegó el momento que estaban esperando. Tras mucho dilucidar, el jurado de Gran Hermano ha decidido…… (Sí, las pausas de tensión se siguen utilizando en el 3043)…………que………..el ganador de esta edición………………………………………..seaaaaa………………


De pronto todo cesó. La Tierra explotó en millones de pedacitos. Una civilización extraterrestre decidió fulminar nuestro planeta tras observarnos durante más de 4000 años y constatar que la humanidad había entrado en un bucle de estupidez del que no era capaz de salir.



De aquel suceso solo se salvó un grupo de astronautas que había partido unos días antes para reparar un satélite (entre los que se encuentra el que les escribe) y, milagrosamente, Mercedes Milá, que salió despedida de la Tierra tras la explosión, logrando sobrevivir gracias a la protección de sus artificiales glándulas mamarias.
Las últimas noticias que hemos obtenido en el rastreador espacial de la nave nos indican que Mercedes viaja en dirección a Marte. Parece ser que, tras conocer la noticia, los Marcianos comienzan a huir despavoridos del planeta. 

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Receta de la Tortilla de Patata o Spanish Omellete según los franceses


Puede parecer que todo español debe saber hacer una tortilla de patata. De hecho, es tan habitual como que todo español deba saber torear. Así que, por si hay algún español que no sepa cómo cocinar tan suculento plato o por si hay algún extranjero al que se le quiera contagiar algo bueno que tenemos los españoles, ahí va la receta de este manjar, que debía estar en la lista de los alimentos preferidos por los dioses griegos junto al néctar (salvo por el detalle de que eran griegos, y de tortillas de patata no tenían ni idea).


Ingredientes: 
                                                              
-          Patatas (fundamentales, se nota en el nombre de la receta). Normalmente uso cuatro o cinco patatas medianas tirando a grandes porque soy así de chulo.
-          Huevos (también fundamentales en muchos momentos de la vida, pero en este caso nos ceñiremos a su vertiente culinaria). Seis huevos medianos suelen ser suficientes, pero como lo de “medianos” no lo solemos tener muy claro, conviene tener algún otro en la reserva (vamos, como en la vida misma).
-          Una o dos cebollas grandecitas.
-          Aceite (me gusta el virgen extra, pero en eso, cada cual que asuma su responsabilidad).
-          Sal (utilizo la marina, como los yanquis cuando quieren conquistar un nuevo territorio).
-          Papel de cocina o pañuelo para secar las lágrimas que nos va a producir el proceso de cortar la cebolla.
-          Sartén en la que no se peguen las cosas (teflón, cerámica, etc.) Se puede usar una normal, pero el esfuerzo nunca va a ser recompensado y sin embargo, si el resultado es malo, sí será criticado. Sufrimientos los mínimos.
-          Cuchara de madera para remover el mejunje que vamos a hacer.
-          Espumadera para sacar las patatas y la cebolla si bien reconozco que nunca he entendido el motivo de que se llame “espumadera” a algo que no hace espuma.
-          Mesa, encimera o similar para poner las cosas, y cocina. Casi más fundamentales que todo lo anterior salvo que queramos comer un mejunje crudo en el suelo.


Cinco y Acción

Se cortan las patatas (también es harto recomendable pelarlas antes, como en la mili) en trocitos pequeños o “dados”. Se van poniendo en un plato con cuidado y cariño.

Se corta la cebolla en trocitos pequeños. Se va poniendo en otro plato o en el mismo si caben, entre lágrimas, moqueo y estornudos (de ahí lo del papel o pañuelo antes mencionado).

Se calienta abundante aceite (al igual que en los Autos de Fe de la Edad Media) y antes de que éste comience a humear cual locomotora, se depositan cuidadosamente las cebollas y las patatas.  Lo de “cuidadosamente” es porque si el aceite salta, tiene la mala costumbre de quemar, y en ese caso a los ingredientes anteriormente mencionados habría que añadir un botiquín casero.

Se añade un poco de sal al gusto y se remueve constantemente (como los políticos los fallos del contrario) con la intención de que no se peguen (en este caso al revés que los políticos).

Cuando veamos que las patatas están adquiriendo un color amarillo tostadito y las cebollas hayan perdido su tersura y sean una cosa blanda y fláccida (me niego a hacer chistes a este respecto), cogemos hábilmente la espumadera y ponemos todo ese producto en un colador, que no he enumerado en los ingredientes, pero lo podemos añadirlo ahora, que para eso estamos en la cocina y no nos pilla tan lejos. Entonces colocamos el resultado sobre una pequeña olla o recipiente para que vaya soltando el aceite sobrante (ahora iba a hacer un chiste de LocoMía, pero no me acuerdo).

Batimos con vigor, alegría y alguna lágrima restante (es conveniente que ésta no caiga en el preparado) los huevos… los de la gallina.

Vaciamos el recipiente del aceite sobrante y mezclamos las patatas-cebollas y los huevos.

Nota del autor: atentos, reciclar es vivir, así que nada de tirar el mencionado aceite sobrante  al fregadero, cada cual que busque un método de almacenamiento para no cargarse el planeta a la tercera tortilla.

El resultado debe ser algo jugoso. No es que las patatas y las cebollas naden en los huevos a modo de “Liberad a Willy”, pero lo importante es que no parezca que vamos a hacer un pegamento en vez de una comida.

Se calienta un poco de aceite en una sartén antiadherente (si es de teflón mejor que no esté rallada, que es tóxico, lo dicen los señores calvos con gafas y bata blanca que han estudiado).

Se vierte el producto en la sartén y comienza la parte más  difícil a la par que artística de todo este tinglado.

Se van separando los bordes de la proto-tortilla de los bordes de la sartén con la cuchara de madera (hay quien usa un tenedor… allá cada cual). De vez en cuando movemos salerosamente la sartén para evitar que la base de la futura tortilla se quede pegada a la sartén y nos fastidie el invento.

Cuando veamos que los bordes tortilliles están cuajados y la parte central empieza a solidificar también (esto va en gustos, haya quienes les gusta más hecha y a otros menos), usamos nuestra habilidad manual para poner un plato sobre la sartén y dar la vuelta a la tortilla (tómese esta frase de forma literal, no metafórica). Si comprobamos que ha quedado cuajadita por ese lado, depositamos con amor y cariño la tortilla del lado crudo.

En caso de que no haya quedado suficientemente hecha, no hay ley (todavía, nunca se sabe) que prohíba ponerla un poco más.

Con la semitortilla haciéndose por el segundo lado, se sigue el mismo proceso que cuando hicimos el primero. Se permite la comprobación de su estado con la maravillosa idea, nunca bien ponderada, del plato que facilita dar la vuelta  a la tortilla.

Una vez hemos comprobado que ha quedado hecha por ambos lados y que no se desparrama como si fuera una fabada, la colocamos suavemente sobre un nuevo plato intentando que quede en el centro de éste. No es fundamental tal licencia decorativa, pero queda mejor la tortilla en el centro del plato que en un lado emulando al cuadro de los relojes blandorros de Dalí, que dan muy mal rollo.

Se recomienda acompañar con un poco de pan y una cervecita.

Manjar de dioses… estos seguidores griegos de Zeus no tenían ni idea… por eso desaparecieron.

lunes, 14 de julio de 2014

La verdadera y desordenada historia de España. Capítulo 1: La reunión de Hendaya.




15:20 del 23 de Octubre de 1940. El tren “Erika” , procedente de París, hace su entrada en la estación de la localidad Francesa de Hendaya.  Von Ribbentrop y Hitler bajan del tren.


- Mira que te lo dije Von, que el enano este es un tardón de cojones.

- Lo siento muchísimo Mein Führer, una vez más usted tenía razón. De todas formas, y si me lo permite, estimo conveniente que no debe dirigirse al general haciendo referencia a su estatura, podría molestarse.

- Si es canijo es canijo. Que lo supere que ya es mayorcito.

- Sí Mein Führer, pero él podría contraatacar con el mismo argumento y entonces…

- ¡¿Cómo?!,… tu nunca has visto una cámara de gas por dentro ¿verdad?.

- Perdón Mein Führer, no quería decir eso…

- Ya, ya… anda, déjate de impertinencias y tráeme unos conguitos, que tengo un antojo. No te puedes imaginar lo que me aburre la espera. ¿Sabes si hay algo por aquí a lo que poder disparar para distraerme?

- Lo lamento su excelencia, estamos muy cerca de España y a los judíos ya los expulsaron hace tiempo. Quizá pudiera conseguir algunos gitanos…

- …Ummm, no, no es lo mismo. Anda, tráeme esos conguitos mientras aparece el tuercebotas este.




Mientras tanto, en el tren que conduce a Franco hasta Francia, Ramón Serrano Súñe y el generalísimo ultiman sus planes:


-          Y cuando él le solicite su adhesión al eje…

-          ¡¡Le pido que nos devuelva Gibraltar!!.

-          Noooo, mi general, no. Por enésima vez. Lo que el ”Fuller” le va a pedir es su permiso para invadir Gibraltar.

-          AAAhh, ya… ¿y por qué?, si nosotros no le hemos hecho nada.

-          Claro excelencia, pero al ser colonia Británica le conviene invadir… y no lo olvide, usted ha de negarse.

-          ¡Ya lo sé, hombre!, ¿me has tomado por tonto?, … entonces ¿nos unimos al eje o no?

-          No mi general, los americanos acabarán por intervenir y nosotros tenemos que estar al margen cuando Alemania sea derrotada.

-          ¿y qué le digo?¿me niego?

-          Eso quedaría mal, mejor no hagamos enfadar al Adolfillo. Dígale por ejemplo que a cambio queremos Marruecos.

-          ¿Y si me lo concede?

-          No lo hará, el Gobierno de Vichy no se lo permitiría.

-          Clarooooo… joder Ramón, que listillo. Eres feo de cojones, pero inteligencia no te falta.

-          …Essstooo….gracias, mi general.

-          Estamos a punto de llegar y me está entrando hambre… ¿no tendrás por ahí unos conguitos?...




15.28. El tren de Franco llega a Francia. Unos minutos después, Hitler y Franco conversan alegremente en el vagón restaurante.

- … Y le digo: ¡que va hombre!, no tengas miedo, si es una sala para que te laves…

- Ja, ja, ja… Cómo eres Adolfo, yo hice algo parecido con unos rojillos que…

- Si, si, si… muy interesante. Bueno, a lo que íbamos. Te he traído el documento de adhesión y para que veas como cuido a mis aliados…Chan ta ta chan… ¡ un bolígrafo de ocho colores de regalo!.. Ale, ya puedes  firmar.

- Guauuu, me encanta. Hay que ver como sois los alemanes, siempre punteros en lo que a tecnología se refiere.

- Sí, sí, pero firma aquí, donde pone Gilipoll… digo General .

- Es que…

- (Tratando de vencer su resistencia Hitler le coge la mano) ¿Ocurre algo mi querido Paco?

- Sí…verás, yo… bueno, mis asesores…en fin, quería pedirte algo.

- (Hitler se pone serio y suelta la mano de Franco) Pues tú dirás.

- Es que…. ¡Quiero Marruecos!...hala, ya lo he dicho.

- ¿Marruecos?, ¿pero si eso está lleno de moros y hace un calor que te mueres?. .. Mira, mejor vamos a hacer una cosa, te doy Andorra que se está fresquito y de paso te montas un paraíso fiscal para ti solo… ¿qué te parece?.

- Chachiiiii, verás cuando se lo cuente a Ramón… menudo soy yo negociando.

- Bueno, y ahora firma aquí.

- O.k mi “fuller”… pero antes me voy a comer este conguito que queda aquí.

- Noooo, es el últimoooooo, no lo toqueeeeeeeess…

Pero antes de que Hitler pudiera impedirlo, el suculento aperitivo de chocolate entró de lleno en la ensalivada boca del generalísimo.

Cuenta la historia que el dictador Alemán salió tarifando de allí, sin acuerdo y con un cabreo de tres pares de narices.  Al parecer el Gobierno Alemán y el Español decidieron acordar una historia distinta a la ocurrida para contar a sus ciudadanos. 
Pero pueden creerme, lo narrado aquí tiene tanta validez como los textos “históricos” de Pío Moa y César Vidal juntos.